Cuando la temperatura ambiente supera los 35 °C, el sistema de aire comprimido empieza a trabajar en condiciones más exigentes.
El aire caliente es menos denso que el frío. Esto significa que el compresor aspira menos masa de aire en el mismo volumen y, por tanto, produce menos aire útil por cada kilovatio consumido.
Además, cuanto mayor es la temperatura de la sala, más difícil resulta evacuar el calor generado durante la compresión. Los ventiladores y refrigeradores deben trabajar más, aumenta la temperatura del aceite y disminuye el margen de seguridad del equipo.
El problema puede estar dentro de la sala
Si en el exterior hay 35 °C, en una sala mal ventilada la temperatura puede ser mucho mayor.
Esto ocurre especialmente cuando el aire caliente expulsado por el compresor vuelve a entrar en la aspiración. La máquina termina trabajando con aire cada vez más caliente, lo que reduce el rendimiento y aumenta el riesgo de alarmas o paradas.
Radiadores sucios, filtros obstruidos o extractores insuficientes agravan todavía más el problema.
Más calor, más humedad
El aire caliente también puede contener más vapor de agua.
Durante el verano aumenta la cantidad de condensado y el secador debe trabajar con una carga superior. Si el sistema de tratamiento no está correctamente dimensionado o mantenido, pueden aparecer problemas de humedad, pérdidas de presión y agua en la red.
¿Qué conviene revisar?
Antes de los meses más cálidos es recomendable:
- Limpiar radiadores y refrigeradores.
- Revisar filtros y ventiladores.
- Comprobar la extracción de aire caliente.
- Evitar la recirculación dentro de la sala.
- Revisar secadores y purgadores.
- Medir la temperatura real junto a la aspiración.
El efecto verano aumenta el riesgo de averías, y también provoca que el compresor deba trabajar más alto de carga para mantener la fábrica en funcionamiento.
¿Sabéis qué temperatura alcanza realmente vuestra sala de compresores durante las horas más cálidas del verano?

