En una instalación de aire comprimido, gran parte de la energía consumida por el compresor se transforma en calor.
Ese calor puede recuperarse para calefacción, agua caliente o para un proceso industrial, como por ejemplo precalentar el agua de entrada de una caldera. Sin embargo, el ahorro real no es el mismo durante todo el año.
Calor generado no siempre significa calor aprovechado
El compresor puede producir calor durante miles de horas, pero solo existe ahorro cuando la planta puede utilizarlo.
La recuperación mediante aire caliente funciona bien en invierno, cuando existe demanda de calefacción. En verano, esa necesidad desaparece y el aprovechamiento disminuye, aunque el compresor continúe funcionando.
Por eso, en un clima cálido como el nuestro, la estacionalidad debe formar parte del cálculo del retorno de inversión.
Recuperación por agua: mayor continuidad
Cuando el calor recuperado se utiliza para calentar agua de proceso o alimentar una caldera, el retorno es mayor y más estable.
Si el compresor y la caldera trabajan en horarios similares, el calor puede aprovecharse durante más meses del año y reducir el consumo energético de forma más constante.
El factor clave: la simultaneidad
Para calcular el ahorro real hay que analizar:
- Horas de funcionamiento del compresor.
- Carga media del equipo.
- Horarios de la caldera.
- Demanda térmica disponible.
- Temperaturas necesarias.
- Distancia entre generación y consumo.
Un estudio correcto debe diferenciar entre el potencial térmico teórico y el ahorro útil en cada época del año.
Si tenéis compresor y caldera en la misma planta, ¿habéis calculado lo que estáis dejando de aprovechar?
